Familia

Cuando una familia llega a terapia: el significado de los síntomas y de los intentos de solución


Cuándo acudir a terapia familiar: no se trata de haber fracasado

Muchas familias llegan a terapia con la sensación de haberlo intentado todo. Han tratado de hablar más, de discutir menos, de ser más comprensivas o, por el contrario, de poner más límites. Han modificado normas, roles y formas de comunicación intentando recuperar un equilibrio.

Cuando estas estrategias dejan de producir los efectos esperados, puede aparecer la sensación de haber hecho algo mal o de no haber sido capaces de afrontar el problema. Sin embargo, desde la perspectiva sistémico-relacional, pedir ayuda no representa un fracaso, sino muchas veces el resultado de un largo recorrido de intentos sinceros por cuidar de la propia familia.

La terapia familiar parte precisamente de esta premisa: antes de pedir ayuda, las personas ya han movilizado muchos recursos. Comprender aquello que se ha hecho y el significado que esas estrategias han tenido constituye el primer paso hacia el cambio.


La familia como sistema competente

El psiquiatra y terapeuta familiar Guy Ausloos, en su libro La competencia de las familias, propone una perspectiva profundamente diferente a aquella centrada en el déficit.

La familia no es considerada un sistema «defectuoso» que debe ser corregido, sino un organismo competente que intenta adaptarse continuamente a los acontecimientos de la vida, incluso cuando las soluciones utilizadas ya no parecen funcionar.

Cada comportamiento, incluso aquel que aparece como problemático, puede comprenderse como un intento de preservar un equilibrio en condiciones difíciles. La terapia no sustituye las competencias de la familia, sino que crea un espacio donde estas puedan ser reconocidas y reactivadas.


Cuando las soluciones se convierten en el problema

Una de las ideas centrales de la terapia sistémica es que el problema actual puede ser, muchas veces, el resultado de una solución que en el pasado había funcionado.

Para afrontar una dificultad, una familia puede optar por controlar más a un hijo, evitar determinados temas para no discutir, asumir responsabilidades en lugar de otro miembro o modificar sus roles. Estas estrategias pueden resultar útiles en una etapa concreta de la vida familiar.

Con el paso del tiempo, sin embargo, aquello que inicialmente protegía al sistema puede volverse rígido hasta convertirse en parte de la propia dificultad.

Por este motivo, durante el proceso terapéutico, una de las preguntas más importantes no es únicamente: «¿Qué no funciona?», sino también: «¿Qué habéis intentado ya para estar mejor?».


El síntoma como mensaje del sistema familiar

En el enfoque sistémico, el síntoma no se observa exclusivamente como un problema individual, sino como parte de una red de relaciones.

Cuando un niño presenta importantes dificultades escolares, un adolescente desarrolla ataques de pánico o un miembro de la familia muestra comportamientos que generan una gran preocupación, el trabajo terapéutico no se limita a la persona que expresa el malestar. Se intenta comprender qué función cumple ese síntoma dentro de las relaciones familiares.

El síntoma puede representar un mensaje del sistema: señala tensiones, cambios, equilibrios frágiles o conflictos que tienen dificultades para encontrar otras formas de expresión.

Joel S. Bergman observa cómo, en la experiencia clínica, cuanto más intenso es el síntoma manifestado por un hijo o una hija, más probable es que en la familia existan conflictos profundos, a menudo difíciles de expresar abiertamente.

El síntoma se convierte así en una forma de comunicación indirecta que hace visible aquello que, de otro modo, podría permanecer oculto.


La paradoja del síntoma: una forma de mantener el vínculo

Puede parecer paradójico, pero el síntoma cumple a menudo una función importante dentro de la familia.

Alrededor de él se organizan cuidados, atenciones, conversaciones y nuevas formas de estar juntos. En algunos casos, el síntoma contribuye incluso a mantener una determinada estabilidad relacional, evitando que conflictos más profundos aparezcan directamente.

Por este motivo, en terapia familiar el síntoma no se considera simplemente algo que debe eliminarse. Antes de poder transformarlo, es necesario comprender su significado y la función que ha adquirido dentro del sistema familiar.

Esto no significa que el síntoma sea «positivo» o deseable, sino que incluso el sufrimiento puede adquirir un sentido dentro de la historia de una familia.


La metáfora de los cormoranes: volver para poder partir de nuevo

Para comprender el proceso de cambio puede resultar útil una metáfora propuesta por Joel S. Bergman.

Antes de emprender el vuelo, los cormoranes atraviesan una fase en la que parecen volver a comportamientos más primitivos, aprendidos en las primeras etapas de la vida. Aquello que puede parecer una regresión representa, en realidad, la preparación necesaria para un nuevo movimiento.

Algo similar puede ocurrir en el proceso terapéutico. A veces es necesario volver a la propia historia familiar, a los vínculos originarios y a las necesidades emocionales que quedaron sin ser escuchadas para construir nuevas formas de relación más funcionales.

Mirar al pasado no significa quedarse atrapado en él, sino comprenderlo para poder avanzar con mayor libertad.


La terapia familiar como espacio de transformación

La familia puede imaginarse como un nudo enredado. Cuanto más se intenta deshacerlo tirando con fuerza, más puede llegar a apretarse.

La terapia familiar no fuerza el cambio ni busca culpables. Su objetivo es observar el nudo con atención, comprendiendo cómo se ha formado y qué pequeños movimientos pueden progresivamente aflojarlo.

En este espacio, los intentos realizados por la familia no son juzgados, sino reconocidos como expresión de su capacidad para adaptarse a las dificultades.

Partiendo de la historia compartida y de los recursos ya presentes, el proceso terapéutico ayuda a los miembros de la familia a construir nuevas formas de relación y a afrontar las crisis con mayor flexibilidad.


Conclusiones: redescubrir los recursos de la familia

Pedir ayuda no significa que una familia haya fracasado. Muchas veces significa que ya ha invertido tiempo, energía y afecto intentando afrontar una situación compleja y que ahora busca nuevas posibilidades de cambio.

La terapia familiar no ofrece soluciones prefabricadas, sino un espacio donde comprender el significado de los síntomas, valorar las competencias existentes y reactivar recursos que, en los momentos de mayor dificultad, pueden parecer invisibles.

Como los cormoranes que regresan temporalmente a sus movimientos originarios antes de volver a emprender el vuelo, también las familias pueden encontrar nuevas direcciones cuando consiguen dar un significado compartido a su propia historia. Es precisamente de esta comprensión de donde puede surgir un cambio auténtico y duradero.


Bibliografía

Ausloos, G. La competencia de las familias.

Bergman, J. S. Pescando Barracudas.

Minuchin, S. Familias y terapia familiar.

Selvini Palazzoli, M., Boscolo, L., Cecchin, G., Prata, G. Paradoja y contraparadoja.

Watzlawick, P., Beavin, J., Jackson, D. Teoría de la comunicación humana.

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